El señor de los “piojos”

Por Alejandro Sánchez • 30 May, 2009 • Sección: 2 noticias, General, historia

Una semana más, os proponemos en La otra mirada, una cita con la historia desde un prisma muy espcial. Nuestro amigo y gran colaborador del programa D. Predro Gargantilla, nos cuenta una sorprendente forma de ver como la propia historia está plagada de curiosidades, las cuales, en cierta medida son las que verdaderamente han escrito el curso del mundo.

Ahora una de piojos…

“El Piojo que salvó al señor de los Anillos”

Si en algún momento la especie humana desapareciese de la faz de la tierra, ¿quién lloraría nuestra desaparición? ¿Las ballenas? ¿Los leones? ¿Los oso panda? ¿Los pingüinos? No creo que ninguno de ellos derrame una sola lágrima. En esta hipotética situación tan sólo cuatro especies llorarán nuestra muerte, aquellas que no pueden vivir sin nosotros, las que no pueden parasitar a ningún otro ser vivo, las que nos necesitan para vivir. Sus nombres son Trichomona vaginalis, Pediculus capitis (el piojo de la cabeza) Pediculus corporis (el piojo del cuerpo) y Phthirus pubis, antes llamado Pediculus pubianum (el piojo del pubis). En definitiva, las tres clases de piojos y otro parásito llamado Trichomona vaginalis.

El piojo es un parásito obligado del hombre, esto significa que no puede alimentarse de la sangre de ninguna otra especie. Por este motivo ha evolucionado de forma paralela a los humanos. Cada vez que hemos dado un paso en la evolución, el piojo lo ha dado en el mismo sentido. Para que nos hagamos una idea de la dependencia que tiene el piojo hacia nosotros allá va un dato: si colocamos un piojo humano sobre un chimpancé, el parásito muere irremediablemente en un plazo de tiempo no superior a diez días.

Por otra parte, su ciclo reproductivo está totalmente adaptado a la evolución y a la perpetuidad de la especie, puesto que el 90% de las liendres que pone se convierten en hembras, que serán fecundadas por el 10% restante de los machos.

De los tres piojos que hemos mencionado, el Pediculus corporis, esto es, el piojo del cuerpo, es el vector de tres de las enfermedades que han causado mayor mortalidad a través de los siglos: la fiebre recurrente, la fiebre de las trincheras y el tifus. Se calcula que a lo largo de la historia el piojo se ha cobrado, al menos, 50 millones de muertes.

Dejemos de momento al piojo y ocupémonos de John Ronald Reuel Tolkien, el protagonista de nuestra historia. JRR Tolkien, que es como más se le conoce, nació el 3 de enero de 1892 en Bloemfontein, Sudáfrica. Sus padres habían emigrado hasta esta colonia británica tiempo atrás desde Birmingham, en busca de las oportunidades que la metrópoli les negaba.

Cuando John cumplió cuatro años su padre falleció, y Mabel, su madre, decidió regresar a Inglaterra. En 1915 se graduó con honores en el Exeter Collage de la Universidad de Oxford, con un título de primera clase en la modalidad Lingüística Inglesa y Literatura hasta Chaucer. Un año después se enroló con la graduación de teniente segundo, especializado en lenguaje de signos, en el 11º batallón de los Fusileros de Lancashire.

En el año 1915 Europa se encontraba inmersa en la Primera Guerra Mundial y la Corona Británica no dejaba de enviar efectivos al frente. Entre los llamados a la gloria estaba el batallón al que pertenecía Tolkien. El 6 de junio de 1916 nuestro protagonista desembarcó junto con sus compañeros en Calais.

Entre el 1 de julio y el 18 de noviembre de 1916 se libró una de las batallas más largas y sangrientas de la Primera Guerra Mundial, la batalla del Somme. A lo largo de 40 kilómetros, al norte y al sur del río Somme, la coalición de fuerzas británicas y francesas intentaron romper las líneas alemanas. Uno de los oficiales de comunicaciones del ejército británico de esta batalla era el teniente JRR Tolkien. Para que nos hagamos una idea de la elevada mortalidad, tan sólo el primer día de la contienda, el 1 de julio de 1916, hubo 57.740 bajas en el ejército británico, de las que 19.240 fueron mortales. Se estima que durante esta batalla murieron una media diaria de 2.943 combatientes británicos.


A pesar de todo, se calcula que un tercio de las bajas que se produjo durante la Primera Guerra Mundial fue a consecuencia de las enfermedades que se propagaron. La artillería alemana contó con dos aliados excepcionales la insalubridad y las infecciones. Ranas, babosas, cucarachas, ratas y piojos compartieron las trincheras con los soldados aliados. Los piojos encontraron un campo de cultivo excepcional en los indecorosos uniformes, las costuras de las guerreras fueron su improvisado domicilio.

El piojo provocó la aparición de una enfermedad no conocida hasta ese momento caracteriza por la existencia de fiebre recurrente y dolores generalizados; y a la que se llamó fiebre de las trincheras.

Uno de los afectados de esta nueva enfermedad fue el oficial de comunicaciones británico JRR Tolkien, que comenzó a presentar los síntomas el 27 de octubre, la sintomatología era tan manifiesta que tuvo que ser evacuado del frente y trasladado a Inglaterra el 8 de noviembre. Muchos de sus compañeros de unidad murieron en la contienda, bien a consecuencia de la artillería enemiga o bien debido a las infecciones. Durante su convalecencia en Staffordshire Tolkien comenzó a escribir en lo que llamó El libro de los cuentos perdidos.


Nunca estaremos lo suficientemente agradecidos al Pediculus corporis la ayuda prestada, gracias a él hemos podido disfrutar de las aventuras de Bilbo Bolsón, el mago Gandalf o el siniestro Gollum.

Dr. Pedro Gargantilla.

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7 comentarios »

  1. Vaya historia!!! a eso lo llamo yo una “casualidad” jejejeje… estimado Pedro Gargantilla, creo que estoy ya más que engachado a tus historias… ENHORABUENA por esta sección.

    Un abrazo

  2. La leche con los piojos!!
    Por lo menos les han sido productivos al Sr. Tolkien.
    Yo, diferiendo de mi estimado Roberto, diría más bien que ha sido “causalidad”, en vez de “casualidad”.
    Sin ellos, nuestro célebre personaje, no habría podido inspirarse y explayarse tan documentadamente, tras haberlo vivdo en primera persona. Jejeje…:)…..Curiosísima historia.

    Muchos besos.

  3. Increeeeible. La cantidad de JR Tolkiens que se han perdido con las guerras inútiles.
    Recientemente he adquirido uno de sus libros, el de los Borbones, interesantiiiiisimo. He visto en internet que también tiene uno de Historia de la Medicina. ¿Es asequible a todos los lectores o es un libro técnico?
    Muchas gracias y enhorabuena, siga con la sección

    Un abrazo

  4. Me alegro que te gusten Roberto, los próximos van a ser más increibles, si cabe.
    Hola Guillermo, muchas gracias. El libro al que haces mención se llama “Historia de la Medicina”, en él se hace un repaso a todos los “avances” y “retrocesos” desde la prehistoria a nuestros días. Está plagado de anécdotas y está dirigido a todo tipo de lectores, no sólo a personal sanitario
    Un abrazo
    Pedro

  5. Más aun??? jejejjeej no me lo pierdo!!!

    Gracias Pedro!!!

  6. He de decir que para mí es todo un honor y un placer montar los sonidos para el espacio del doctor Pedro Gargantilla, el cual ha levantado una gran expectación, Felicidades Pedro.

  7. Pues si no es por ti Pedro y La Otra Mirada una vive sin saber estas cosas, que me parcen de lo mas curioso e interesante.

    Besos y abrazos!!

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