DMH. La chinche Maldita

Por Alejandro Sánchez • 10 Oct, 2009 • Sección: Destacado, General

Abrimos un diario espectacular del Doctor Pedro Gargantilla. Hoy con Charles Darwin…

El 27 de diciembre de 1831, un joven de tan sólo veintidós años, que respondía al nombre de Charles, iniciaba una de las expediciones científicas más revolucionarias de toda la historia. A bordo del HMS Beagle recorrería el mundo estudiando la geología de los continentes, así como una enorme variedad de organismos y fósiles.

Darwin, que este era su apellido, fue una persona enormemente curiosa y un extraño gourmet. Se cuenta que cada vez que descubría un animal extraño se preguntaba qué sabor tendría después de cocinarlo. En más de una ocasión presumió ante sus conocidos de haber saboreado la carne de armadillo, puma, halcón o búho, cuyo sabor calificó como “indescriptible”. Al parecer uno de sus platos predilectos era la carne de tortuga, hasta el punto de que mandó cargar cuarenta y ocho ejemplares a bordo del barco para degustarlos en el viaje de regreso.

No cabe duda que el mejor regalo de cumpleaños de toda su vida lo recibió el día 12 de febrero de 1834, en su vigésimo quinto cumpleaños, cuando el capitán del Beagle, Robert Fitz Roy, decidió bautizar con su nombre a la cima más alta de Tierra de Fuego. Posteriormente también serían bautizadas otras tres montañas con su apellido: una en Tasmania, otra en la Antártida y la tercera en California. En verdad que pocas personas pueden presumir que su apellido de nombre a cuatro montañas.

Darwin fue un hombre terriblemente metódico que sopesaba toda la información antes de tomar una decisión, esta estrategia la llevó hasta extremos dramáticos. Se cuenta que antes de casarse con su prima, Emma Wedgwood, hizo una detallada enumeración con las ventajas e inconvenientes del compromiso, listado que aún se conserva. Entre las ventajas se puede leer:

“hijos (si Dios quiere), compañía constante (mejor que la de un perro), cuidados de la casa”

Mientras que entre las desventajas destacaba especialmente una:

“libertad para ir donde me apetezca”


Al final pesaron más las ventajas que los inconvenientes y optó por compartir su vida con Emma, con la que jugaba todas las noches una partida de Backgammon, su pasatiempo favorito. La pareja apuntaba meticulosamente los resultados de las victorias en un cuaderno.

La travesía alrededor del mundo a bordo del Beagle se prolongó durante cinco largos años (1831-1836). En julio de 1834 arribaron en las costas chilenas, en donde permanecieron durante todo un año, tiempo que aprovecharon para recorrer Chiloé, las islas Guaitecas y el archipiélago de Los Chonos. Antes de viajar hasta el Norte Chico Darwin realizó una breve estancia en Mendoza. En su libro “Viaje de un naturalista alrededor del mundo” narra como el día 25 de marzo de 1835, mientras se encontraba en la cordillera andina, fue atacado por una plaga de benchucas, la chinche negra de las pampas. Aquel suceso, aparentemente sin importancia, tuvo unas consecuencias terribles en la salud del joven Darwin.

De regreso a Inglaterra nuestro protagonista disfrutó de una envidiable salud hasta 1841, momento en el que comenzó a aquejar episodios de taquicardia, vómitos, dolor cervical con la deglución, dolor abdominal, debilidad, flatulencia, insomnio y malestar generalizado. Todos estos síntomas fueron minando progresivamente su salud hasta el punto de que cuesta creer que pudiera escribir “El origen de las especies” en esta situación. Durante este periodo evitaba el contacto con la gente y apenas conseguía trabajar más de tres o cuatro horas diarias. Los médicos de la época le sometieron a multitud de exámenes médicos tratando de encontrar el mal que aquejaba, sin embargo no llegaron a encontrar la causa de su enfermedad.

Lo más probable es que contrajera el mal de Chagas, una enfermedad endémica en Chile y Argentina, provocada por un parásito, llamado tripanosoma, y que se transmite a través de la picadura de la vinchuca o benchuca. Si no hubiese estado enfermo tanto tiempo después de su viaje habría tenido tiempo para haber profundizado más en su teoría. ¿Habría cambiado en algo? Nunca lo sabremos.

Esta es una página más del diario de un “Médico en la Historia”, mi nombre es Pedro Gargantilla y espero que les haya gustado.

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2 comentarios »

  1. ¡¡¡¡QUÉ INTERESANTE!!!!! Enhorabuena, sabes como captar la atención. Me encanta
    Un fuerte abrazo doc

  2. No se si os habéis dado cuenta que el articulo no tiene sonido. ??¿¿

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