TDC.- Se viejo en Roma.

Por Alejandro Sánchez • 7 Nov, 2009 • Sección: General

Muy posiblemente el epílogo de la vida sea en esencia una reflexión sencilla. Con esta certeza una vez más nuestro querido colaborador Pablo Jesús Gámez, nos vuelve a sorprender con magistral elegancia como las cosas a pesar de los siglos no han cambiado para nada.

El hombre ha sentido siempre el peso de la existencia sobre sus hombros, y en todo momento se ha planteado las mismas razones y planteamientos sobre la vida que personas como tú o yo podamos hacernos hoy en este balcón de la modernidad.

Y como trueno en ocasiones la radio tiene el gran privilegio de contar con este eco acertado del cual todos tenemos que aprender seamos jóvenes o viejos.

Gracias Pablo por traer una vez más ese tiempo de Cornelius a la noche del galeón.

¿A quien no le preocupa la vejez? Antes y  ahora el ser humano ha vivido como si fuera a vivir siempre, y de pronto se ha tropezado con su propia vejez cuando menos se lo esperaba.  ¿Cómo aceptar nuestra pérdida de fuerza fisica y de facultades intelectuales?

¿Qué decian los antiguos romanos de este problema?  ¿Cómo afrontaban la vejez?

Lo sabremos leyendo a una de las mejores mentes que tuvo Roma, Marco Tulio Cicerón, del cual conocemos muchas de sus obras, entre ellas, una pequeña joya: “De Senectude”,  “De la vejez“, en castellano.  Sin duda, esta es una de las obras más bellas salidas de la pluma de Cicerón. El gran filósofo medita sobre la vida y nos enseña que envejecer puede ser la coronación de una serie de etapas vitales, un desafío y casi una aventura. Cicerón, ya maduro, piensa su pasado y vislumbra el futuro con dignidad y con esperanza.

Articulo interactivo con audio :

La lectura de esta obra maestra es impostergable, y añadiria que casi obligatoria para todas las personas de cierta edad, que no aceptan su vejez, y que viven quejosos de su ancianidad. Ojalá cuando seamos viejos  gocemos de una vejez como la de Cicerón: con paz, serenidad, tranquilidad y presencia de ánimo; y rodeado de amigos que disfrutaban de su compañía.

Cicerón nos aconseja, y nos dice que la vejez no es mala en si misma, sino que es el ultimo acto de la vida y forma parte de la naturaleza. Hay que aceptarla con naturalidad; pues hubiera sido indeseable que quien hizo el inicio de la vida, tan bello y tan luminoso, hubiera descuidado el último acto (la vejez), como si hubiera sido un poeta sin arte que descuida el final de la obra. Bello es el principio y bello es el fin.

Pero somos los hombres los que hacemos desagradable ese fin. Es decir, los necios atribuyen a la vejez sus propios vicios y su propia culpa, y la culpa es de ellos,  NO de la veje, porque ni las canas ni las arrugas pueden obtener, así de repente, autoridad; mientras que la vida que se ha llevado con honestidad es la que recoge en los últimos años los frutos de la autoridad.

Es decir, se recoge lo que se siembra.

Dice Cicerón que a los ancianos se les acusa de que son pesados, inquietos, iracundos y difíciles, y también avaros. Pero contesta inmediatamente que “esos vicios son propios de varias circunstancias que durante la vida han influido en las costumbres modelando tu carácter, pero no son vicios propios de la ancianidad.”

Para Cicerón, estos  vicios tienen algo de disculpa,  pero no la avaricia.

En cuanto a que pueda existir la avaricia en un anciano, no puedo comprenderlo. Porque ¿puede existir cosa más absurda que el hacer gran acopio de provisiones, cuando ya es tan corto el camino que falta por recorrer?

Es cierto que la ancianidad aparta del manejo de los negocios. Pero a ello contesta Cicerón que las cosas de envergadura, las realmente importantes y que exigen un mayor sentido de responsabilidad y de raciocinio,  no se realizan con fuerza o velocidad, sino con reflexión autoridad y juicio, y de estas cualidades no solo no carece la vejez, sino que con ella se agigantan, y en consecuencia no realiza el viejo lo que los jóvenes, sino una labor mayor y mejor.

Tambien es cierto que el cuerpo se hace más enfermizo. Cicerón dice que es normal, que hay que aceptar la naturaleza, y que no hay problema, porque a los viejos no se les exige que sean fuertes. Eso si, hay que diferenciar lo que es la vejez  y sus achaques propios, de lo que es una deficiente salud.  La vejez no tiene la culpa de que el anciano tenga una deficiente salud, pues hay ancianos que están sanos.

Hay que resistir a la vejez haciendo ejercicio moderado, y con una moderada dieta, y fundamentalmente, cuidar la mente y el animo, lo cual no será fácil, pues si el cuerpo está pesado, el alma está más ligera con los años.

La vejez también priva de casi todos los placeres. Cicerón arguye que cuando ejerce su dominio la concupiscencia, no hay lugar para la templanza y de ningún modo puede permanecer la virtud en el reino del deleite, pues durante la excitación nada se puede pensar ni captar, ni con la razón ni con el pensamiento. El deleite es para la juventud, no para el viejo, pues al ser más intenso y prolongado el deleite extingue toda la lucidez del alma y cierra los ojos de la mente.

Es de mucho valor tener ya el alma despojada del desorbitante deseo de ambicionar, de esa lucha contra las enemistades, de todas las concupiscencias, y es adorable que el alma pueda vivir tranquila consigo misma. La vejez tiene otro tipo de deleites: compañía de amigos, pasear, cultivar el campo, aconsejar a los demás, darles tu experiencia, sentirte reconocido.

El fruto de la vejez consiste en el recuerdo y la abundancia de los bienes realizados.

Es mas conforme con la naturaleza que los ancianos mueran, porque están más cerca de la muerte. La vejez está cerca de la muerte, y también es natural. Cuando el joven muere es  como una llama que desaparece bajo abundante agua; por el contrario, el morir de los ancianos se asemeja a un fuego que sin violencia, lentamente, consumido, se extingue, sin que ellos hayan puesto nada por su parte.

Y no hay que tener miedo a la muerte, si el alma se extingue con la muerte nada debe  de debe preocuparnos; y si por el contrario el alma tras la muerte ha de viajar hasta un lugar donde sea eterna, entonces la muerte es algo positivo y deseable.

En definitiva: el destino del viejo es dar buenos consejos, amor y experiencia a los demás.  Y si han llevado una vida honesta, tendrán una vejez honesta. Si han tenido una vida llena de vicios, su vejez será viciosa, y la culpa será de ellos, NO de su vejez.

Por último, Cicerón termina su libro con estas palabras:

Esto es lo que tenia que deciros sobre la vejez, a la que ojala lleguéis, para que podáis experimentar por vosotros mismos cuanto me habéis oído”.



Cornelius.

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Un comentario »

  1. Me ha gustado muchisimo este tema, no he podido por menos de buscar por internet el libro y me lo he descargado ( pero aún no he podido leerlo, lo haré en cuanto pueda ) creo que es algo que todos deberíamos leer, e intentar así, llegar a la vejez con una mentalidad más abierta, más positiva, y no siempre echando la culpa a la edad, como bien dice en varios ocasiones, la culpa es tuya, no la edad.

    Muchas gracias Pablo!
    1 abrazo!!

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