DMH.-Por culpa de unas fiebres los chinos no hablan ruso

Por Alejandro Sánchez • 13 Sep, 2009 • Sección: General, noticias

¡Empieza la nueva temporada! y claro está una joya radiofónica en forma de sutil diario de un médico…

Así os animo a que comentéis estas entregas y que propongáis momentos de la historia al doctor Pedro Gargantilla para que puedan ser llevados al programa.

Ilusionados y contentos de estar una vez más con todos vosotros,

¿Embarcas?


Si les digo que nació en Kesh, en la actual Uzbekistán, que lideró un gran ejército cuyo objetivo era conquistar Asia y que se proclamó el heredero de Gengis Kan, imagino que muchos de ustedes habrán adivinado que el protagonista de nuestro diario no puede ser otro que Tamerlán.

Tamerlan o Timar, que también se le conocía así, vino al mundo un 10 de abril del año 1336, en una ciudad próxima a Samarcanda. Era un momento especialmente conflictivo en una región sembrada por valles fértiles y estepas, en donde había multitud de ejércitos que acariciaban la posibilidad de hacerse con la supremacía militar. Uno de estos grupos guerreros eran los kanatos. Pues bien, Tamerlan se casó con la benjamita del jefe de los kanatos, posición que le permitió heredar el liderazgo de este pueblo algún tiempo después.

Según las crónicas, era apodado el Cojo, debido a una invalidez que sufría después de que una flecha enemiga se clavara en uno de sus muslos. Esta discapacidad no fue óbice para consiguiera que los kanatos se expandieran y que poco tiempo después fuese el dueño y señor de la región, estableciendo la capital de aquel incipiente estado en la bella Samarcanda.

Además de un perspicaz estratega era un hombre de Estado, una de las primeras medidas que adoptó fue diseñar leyes de gobierno que aunaran con la tradición del pueblo kanato. Simultáneamente fue creando una perfecta maquinaria bélica, equiparable a la que tenía siglos atrás Alejandro magno.


Con el único de conquistar Asia se lanzó al frente de sus hombres. En poco más de tres décadas conquistó Siria, Irak, Irán, Pakistán, Rusia, Turquía, Afganistán, parte de la India… en definitiva creó un vasto imperio. Todo parecía que sus victorias no parecían tener fin. Es sabido que ganó todas sus batallas, más de doscientas, con excepción de una, la del Mire.

El nombre de Tamerlan, a pesar del tiempo transcurrido, todavía resuena como un hito de poder y grandeza en los valles del Caúcaso. Dejó una impronta imborrable en el mapa asiático, por una parte debilitó el Islam medieval, por otra retrasó en cincuenta años la caída de Constantinopla a manos de los turcos. Sus conquistas sentaron las bases del poderoso Imperio Mongol que se prolongaría hasta el siglo XIX.

Al tiempo que sus hombres devastaban y conquistaban países, Tamerlan embellecía y promovía la cultura en Samarcanda, una ciudad que sigue encadenada a su pasado. Cuenta el sabio Abu Bashir Ahmed Rashid al-Baqr que en aquella época Samarcanda era de oro. Que sus cúpulas y muros refulgían al sol de tan prodigiosa manera que el viajero no avisado se arriesgaba a quedarse ciego sino  ocultaba a tiempo sus ojos a tan magno impacto.

En 1404 Tamerlan se planteó un proyecto más ambicioso si cabe: conquistar China, engullir en su imperio a este inmenso país. Desgraciadamente no pudo ver cumplido su sueño, enfermó de fiebre tifoidea y murió a comienzos del año siguiente, en Otrar, en la actual Kazajistán, a las puertas de China. Sus restos, en medio de gran dolor y tristeza, fueron trasladados hasta Samarcanda. De no haber sido por estas fiebres es posible que Tamerlan hubiera engullido China dentro de su poderoso imperio y, quien sabe, a lo mejor los chinos hablaban ahora ruso.

Dejemos a Tamerlan y transportémonos en el tiempo. Viajemos hasta junio de 1941. En ese momento Europa está en plena convulsión bélica, mientras llegan evidencias de un inminente ataque del ejército alemán, Stalin se afana en finalizar una expedición científica que se está llevando a cabo en Uzbekistán. Mikhail Gerasimov, experto en la reconstrucción de restos humanos, ha propuesto la apertura del sepulcro de Tamerlan en el mausoleo de Guri Emir, en Samarcanda. Antes de dar la orden definitiva de la apetura Stalin ha sido informado de que una tradición local afirmaba que


“el Dios de la guerra no debía ser despertado”

En caso contrario sobrevendría el desastre: Tamerlan regresaría al tercer día. Imagino que el estadista ruso pensó que aquella leyenda era una patraña. No cesó en el objetivo y ordenó a Mikhail Gerasimov que continuase. El científico pudo leer una inscripción en las puertas del sepulcro:

“Aquel que abra esta tumba se enfrentará a un enemigo más cruel que yo”.

Una noche trufada de estrellas, el científico ruso haciendo tripas corazón penetró en el sepulcro y recuperó el cuerpo de Tamerlan, confirmando además de que era cojo que tenía una estatura elevada para su tiempo: se estima que medía un metro y ochenta centímetros.

¿Y de la advertencia de la inscripción qué? El 22 de junio de 1941, exactamente tres días después de la apertura del sarcófago de Tamerlan, el rugido de los cañones alemanes anunciaba el inicio de la operación Barbarroja, con la que el ejército nazi pretendía conquistar Rusia. ¡Sobran las palabras!

Esta es una página más del diario de un “Médico en la Historia”, mi nombre es Pedro Gargantilla y espero que les haya gustado.



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5 comentarios »

  1. Extraordinario, amigo Pedro. Te mando saludos cordiales. ¡Suerte!

    Un abrazo.

  2. Asombroso, esta sección tiene algo que encandila…. Fascinante, en una palabra.
    Sigue así, amigo
    Guillermo

  3. Muchas gracias Pedro por introducirnos en la historia de esta manera.
    Enhorabuena por esta sección, es muy buena!! Estoy deseando escuchar la siguiente ;)

    Un abrazo!

  4. Pedro…, te digo igual que a Pablo… me llevaría escuchandote todo el día. Que suerte tenemos de poder contar con vuestra sabiduría, con vuestras historias. Y vuelvo a repetir que de esta manera… la asignatura de Historia jamás resultaría aburrida a ningun estudiante.

    Un fuerte abrazo doctore…

  5. Muchas gracias amigos por vuestras palabras. Espero estar a la altura de vuestras exigencias.
    Un abrazo

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